Lourdes Ortiz es una artista joven, cuya trayectoria ha venido escapando suavemente de ese yugo diseñístico, cuna de sus inicios profesionales. En una clara comprensión del espacio cromático y de la sobreposición de los planos, ésta es una creadora con carácter sintáctico; sus composiciones juegan a recrear la matemática que normalmente se oculta bajo los esquemas de lo correcto. En un inteligente arrebato, sus cuadros pueden, incisivamente, acabar con la paciencia de un observador minucioso, porque son retratos crudos de espasmos, tensiones, contracciones y movimientos que, al colorearlos, generan grandes áreas de observación plana y tensos contrastes difíciles de comprender si se miran en detalle. Son, a mi parecer “subtextos coloreados”: Ella retrata cuerpos, o más bien cuerpos que encuentra en los cuerpos; ignoro si busca, explora o corrige la corporeidad, porque le gusta imaginar un color de mundos, más que un mundo de colores.

 

Anclado en el ejercicio de la deconstrucción, Lourdes Ortiz profana las estructuras; no con manierismos, con caprichos. Considero su trabajo como un caso especial, porque no alterna con modas ni corrientes vigentes, al mismo tiempo que se presenta fresco y oportuno. Su impronta autoral promete, según mi juicio, desdoblarse pronto, en algo que todavía ignoramos ella, su trabajo, el trabajo de su trabajo y yo.

 

 

Luis Ramaggio

crítico de arte

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